Domingos de Mayo

En todo el calendario festivo local, denso hasta casi no dejar fin de semana libre, son seguramente las fiestas de Mayo las más solemnes de cuantas se celebran en Priego. Pero sobre todo, son, sin duda, las más genuinamente prieguenses. Cualquier otra fiesta (la Semana Santa, la Feria, el día del Patrón, la Candelaria, etc.) puede encontrarse con motivos y formas similares, en otros muchos lugares de la geografía andaluza o española. Las fiestas de Mayo, en cambio, no tienen parangón. Son tan distintas y parecen estar tan arraigadas en lo más hondo de la tradición que, sin temor a errar, hemos de aceptarlas como uno de esos rasgos que podrían definir “lo prieguense” en contraste con las manifestaciones religiosas y festivas de otros pueblos.

Su misma permanencia a lo largo de casi cuatrocientos años, el motivo que les dio origen y su configuración externa, son aspectos cuyo estudio sigue lleno de sorpresas. ¿En qué fecha comenzaron a celebrarse las fiestas de Mayo en Priego?, ¿ ha cambiado mucho su contenido a lo largo de los siglos?, ¿cual fue la causa que movió a los prieguenses a iniciar la celebración de estas fiestas?.

Tradicionalmente se ha admitido que las fiestas de Mayo tenían su origen en un “voto” que hizo el pueblo, consistente en celebrar a perpetuidad solemnes cultos para librarse por la intercesión divina del entonces trágico contagio de la peste. Esa creencia se generalizó tanto que en un coleccionable distribuido hace unos años por un periódico de máxima difusión, se incluía esta única referencia a las fiestas de Priego: “Los domingos de Mayo se celebran fiestas con orquestas por las calles para conmemorar que Priego se salvó de una peste: está todo el día el turutu formado, comenta un paisano”. La superficialidad casi grotesca del párrafo, refleja fielmente sin embargo, la constante referencia a las epidemias del siglo XVI como explicación de este alarde festivo-religioso. Repasando la bibliografía local, podrían citarse multitud de textos que durante los últimos cien años reafirman esa creencia. Eso sí, todos ellos tienen resultan vagos y confusos, como algo que se admite por tradición sin que pueda acreditarse documentalmente. (1)

Pero cuando se acude a las fuentes de la época, esta creencia tan arraigada no parece sostenerse. Los años en que se producen epidemias de peste no coinciden que los años en que se pudo realizar el “voto”. La documentación de varias Hermandades hace referencia a la peste como causa de la creación de las Hermandades, pero no como origen de las fiestas de Mayo.

En el artículo antes citado se ha propuesto una nueva interpretación de estas fiestas, según la cual, desde su origen, los cultos de Mayo se realizaron para pedir la lluvia tan necesaria para obtener buenas cosechas. Tras analizar la bibliografía existente, puede afirmarse que las cuatro cofradías que tradicionalmente han celebrado fiestas solemnes durante el mes de Mayo, cuentan en sus actas y constituciones con referencias directas a la lluvia, como objetivo a conseguir con dichas fiestas. El 21 de Mayo de 1593, sólo un mes después de su fundación, la Hermandad de Jesús Nazareno saca en procesión la imagen de su titular “para impetrar las lluvias, pues de presente hay mucha falta de agua”. En la documentación de la más antigua de las Cofradías prieguenses, la de la Santa Vera Cruz y Jesús en la Columna, hemos comprobado que siempre que se habla de las fiestas a celebrar en Mayo se hace referencia a la petición de la lluvia; valga este ejemplo, tomado del acta del cabildo general celebrado por la Archicofradía el 21 de Enero de 1685: “Se nombran comisarios para la fiesta y novenario que se ha de hacer a Jesús de la Columna por el mes de Mayo, para que usando de su piedad y misericordia infinita nos socorra con los buenos temporales para la conservación de los frutos de la tierra”. Existe además una declaración expresa en las Constituciones de esta Cofradía, fechadas probablemente en 1673; en su artículo 5º se dice: “Así mismo se ha de hacer un novenario de misas cantadas con solemnidad a Jesús de la Columna en la capilla de dicha cofradía o la mayor de dicho convento, en todos los meses de Mayo de cada un año y la última con sermón y a la tarde procesión por los claustros de dicho convento, a que han de asistir los dichos hermanos, el cual novenario sea pidiendo a Dios Nuestro Señor nos dé y conserve los frutos de la tierra”.

En el artículo 3º de las Constituciones de la Hermandad de la Virgen del Buen Suceso, fechadas en 1692, también se ordena celebrar “procesión y sermón el último domingo de Abril, para pedir por la salud temporal y espiritual de los hermanos, por los buenos temporales y conservación de los frutos de la tierra...” (2) Ninguna referencia a la peste, tampoco aquí, en relación con las fiestas de Mayo. 

Contra este hipótesis se ha argumentado (3), que fueron simplemente las prescripciones emanadas del Concilio de Trento las que dieron origen a las fiestas de primavera en Priego. Esta idea, que puede aceptarse como marco general, no desactiva en absoluto la relación, documentalmente demostrada entre las fiestas prieguenses de Mayo y la petición de la lluvia; tampoco explica que durante más de un siglo se haya atribuido el origen de dichas fiestas al temor al contagio de la peste.

En consonancia con todo ello, y en el estado actual de la investigación sobre este asunto, nos atrevemos a reafirmar que nuestros antepasados organizaban los solemnes cultos de Mayo con el objetivo principal de pedir a Dios la lluvia, sin la cual era imposible obtener los frutos de la tierra.

En cuanto a la fecha en que comenzaron a celebrarse las fiestas de Mayo en Priego, podemos dar como posible la de 1642 fecha en que se funda la Hermandad de Jesús en la Columna, ligada a la más antigua Cofradía de la Vera Cruz. En las Constituciones de esta Hermandad se ordena, como antes hemos visto la celebración de fiestas en el mes de Mayo. Para la Hermandad de Jesús Nazareno podría fijarse la fecha de 1654, pues en ese año se adopta un acuerdo expreso en relación con las fiestas (4) y para las Hermandades de la Soledad y del Buen Suceso, los años 1684 y 1692 respectivamente, constando en ambos casos en su primitivo ordenamiento constitucional (5). La Hermandad de la Virgen de la Caridad debe también ser considerada como las que desde antiguo han celebrado fiestas en Mayo.

Queda claro por tanto que las llamadas “fiestas votivas” del Mayo prieguense vienen celebrándose desde hace más de trescientos cincuenta años, lo que supone una gran antigüedad y cabría imaginar que a lo largo de tan dilatado periodo de tiempo, su forma exterior debe haber cambiado mucho. Sin embargo, las referencias conocidas en las cuatro Hermandades ya citadas, nos permite afirmar que, por el contrario, la estructura de estas celebraciones sigue manteniendo el esquema que tuvo en su origen. Básicamente, dicho esquema se expresa así: “... novenario de misas cantadas con solemnidad,... en la capilla de la cofradía o en la mayor de la iglesia, ... la última con sermón y a la tarde procesión...”. Todos estos puntos se mantienen hoy día, si bien en las últimas décadas el novenario se ha convertido en septenario para evitar la coincidencia de cultos; por otra parte los sermones abarcan ahora los tres últimos días del septenario. Además se mantiene incluso el orden (alterado sólo excepcionalmente) en que las cofradías celebran sus fiestas: la de la Caridad en la última semana de Abril y, ocupando las cuatro semanas de Mayo por este orden, las del Buen Suceso, Jesús en la Columna, Virgen de la Soledad y Jesús Nazareno.

Aunque ya ha quedado expuesta la estructura general de las fiestas conviene destacar algunos aspectos que pueden considerarse secundarios pero que afectan profundamente a estas celebraciones.

En primer lugar la extraordinaria solemnidad que han adquirido, al dar las Hermandades gran importancia algunos aspectos de la organización que se han convertido en rituales, como son los retablos, los predicadores, el acompañamiento musical, la procesión y por último, los sistemas de financiación. Algunos de estos aspectos cambiaron radicalmente a partir del año 1865, fecha en que comenzó la rivalidad entre las Hermandades de Jesús Nazareno y Jesús en la Columna, los cuales en su afán de solemnizar su fiesta hicieron que los cultos de Mayo se convirtieron en una gran manifestación religiosa, pero también en una fuerte carga económica para las Hermandades. Se pusieron en marcha nuevas formas de financiación, a las que sólo respondió el sector más acomodado de la población lo que dio lugar al carácter elitista que en el último siglo han tenido estas fiestas.

En cuanto a la ornamentación especial de los altares para los últimos días de la fiesta, los llamados “retablos”, se decidió desde antiguo que el novenario se realizara en el altar mayor de la Iglesia, tanto en San Pedro como en San Francisco, de forma que pudiera darse un mayor esplendor a la presentación de la imagen. El afán de presentar cada año un retablo más espectacular que el año anterior y que las demás Hermandades, ha llevado a conseguir verdaderos alardes de monumentalidad, basada principalmente en la ornamentación floral y en el uso de telas, luces y alfombras, así como de los más ricos juegos de candelabros y jarrones. A veces la colocación de estos retablos provocó el deterioro de los auténticos retablos barrocos existentes en los iglesias.

En cuanto a los predicadores hay que decir que a mediados del siglo pasado se usaba en los púlpitos un estilo retórico y grandilocuente que hoy ha pasado de moda. Predicaron en el Mayo prieguense los mejores oradores sagrados que en cada época existían, generalmente canónigos de las Catedrales de Córdoba, Granada o Sevilla. Veces hubo en que un sermón llegó a durar más de dos horas. Esta tradición en la escucha de excelentes oradores ha dejado entre los devotos de estas fiestas un gusto por los sermones extensos y emotivos.

Sobre el acompañamiento musical de los cultos hay que decir que gracias a las fiestas de Mayo, el patrimonio musical de Priego es de una riqueza incomparable. Se traían, como se siguen trayendo los mejores coros de las capitales más cercanas o se crean corales locales cuya motivación primordial es solemnizar los domingos de cada cofradía. Pero además, en la competencia establecida entre las Hermandades de Jesús Nazareno y Jesús en la Columna hace siglo y medio, se abrió paso a la composición de piezas musicales por encargo, habiendo acumulado estas dos cofradías una gran cantidad de partituras que fueron compuestas expresamente para sus fiestas; entre ellas deben destacarse las Misas que para ambas hermandades compuso el insigne músico cordobés Juan Antonio Gómez Navarro, siendo interpretada todavía cada año, con coro a cinco voces y orquesta, la que compuso para la Hermandad de Jesús en la Columna. Igualmente se encargaron “Arias” y “Plegarias” que siguen interpretándose en la actualidad por afamados tenores y barítonos expresamente contratados para ello.

Punto culminante de los cultos de cada Hermandad es la procesión que se realiza en la tarde de cada domingo. Al contrario que en la Semana Santa, los desfiles procesionales de Mayo no son de penitencia sino claramente festivos; en consecuencia, las túnicas y capirotes se sustituyen por largas hileras de mujeres con traje negro de gala y mantilla española, los cofrades acompaña a la imagen que ha sido adornada con el máximo esplendor en sus más lujosos tronos y los costaleros visten uniformes. Para solemnizar aún más la procesión se lanzan miles de cohetes, se queman fuegos artificiales y se traen bandas de música, civiles o militares que a veces realizan vistosos desfiles al son de la música marcial.

Y por último, hablemos de la financiación ya que este problema dio origen a otra de las tradiciones más genuinas de nuestro pueblo: las rifas. Cuando a mediados del siglo pasado comenzó a darse un mayor auge a las fiestas de Mayo, se recurrió a una suscripción voluntaria entre los hermanos de manera que no podía gastarse más de lo recaudado; estos ingresos y gastos se contabilizaban aparte y en ocasiones alcanzaban una cantidad similar al presupuesto anual de la Hermandad. Pero pronto se comprobó que otra fuente de financiación, las subastas de objetos regalados, producía abundantes ingresos y además, permitía prolongar la fiesta una vez terminada la procesión. Hay constancia escrita de que ya en 1845 se rifó el domingo de Jesús en la Columna un cesto de alcachofas que un hermano había regalado (6); en las demás cofradías se generalizó esta costumbre igualmente, rifándose en estos primeros años frutos del campo o dulces. Posteriormente las rifas fueron extendiéndose y creando su propio ritual, altamente sorprendente para quienes lo desconocen, llegando a ocupar hasta tres noches y alcanzándose altos precios en las subastas, lo que, a la vez que suponía un capítulo de ingresos imprescindible para mantener las fiestas provocaba el abandono de las clases populares.

Actualmente las demás cofradías de Priego, que celebran cultos festivos en distintas semanas del año, pero similares a los que hemos descrito, están tratando de sustituir las rifas por verbenas que permitan aunar la asistencia masiva de los devotos con la necesidad de recaudar fondos para el mantenimiento de la cofradía.

Es verdaderamente admirable que, teniendo su origen en los lejanos tiempos del Concilio de Trento y su probable motivación objetivo en rogar a Dios para conseguir los beneficios de la lluvia, y siendo así que ambas cosas no son privativas de Priego sino de incidencia general en todo el país, las fiestas de Mayo se hayan mantenido en Priego con tanto arraigo y hayan llegado hasta nosotros en un estado de tanta pujanza y esplendor. Por eso nos parece que, con los cambios que sean necesarios para adaptarse a los tiempos, es seguro que permanecerán en el porvenir como uno de los rasgos más distintivos de la idiosincrasia de los prieguenses como colectividad social.

 

Miguel Forcada Serrano ( Cronista Oficial de la Ciudad)

NOTAS:

Véase el artículo titulado “La sequía y no la peste fue la causa del voto que dio origen a las fiestas de Mayo de Priego”, publicado en la revista “La Columna”, nº. 2, pág. 20-22, de fecha Semana Santa de 1995.

Peláez del Rosal, M. “La Hermandad de la Virgen del Buen Suceso”. Revista Fuente del Rey, nº 106-107. Noviembre de 1992.

Véase artículo titulado “Ni la peste ni la impetración por los temporales fueron el origen de las fiestas votivas de Mayo...”, firmado por Rafael Fernández López. Revista “Adarve”, nº 499-500 de 1997, pág. 12.

Peláez del Rosal, M. Historia de la Cofradía y Hermandad de Jesús Nazareno. 1593-1993”. Córdoba, 1993.

Alcalá Ortiz, E. “Soledad en todos”. Priego, 1994.

Esta referencia, así como las que aparecen en este escrito sobre la Cofradía de la Santa Vera Cruz y Jesús en la Columna han sido extraídas de los libros de actas de dicha Cofradía, cuyo inventario general y ordenación del archivo ha sido realizada recientemente.