Durante muchos años sus fiestas populares se celebraron en el mes de marzo, con solemnes septenarios y procesión. Pero al no exisstir pruebas documentales ni bibliográficas, no hay datos fiables de cuando cesan esas actividades de culto en la cofradía, coincidiendo quizá con un periodo de decadencia o desaparición del gremio de tejedores que dió vida a la hermandad. Fue a mediados de este siglo, cuando un grupo de personas vuelven a dar vida y renovada actividad a la misma, con la constitución de una Junta de Gobierno, responsable del restablecimiento del Culto y de las fiestas que anualmente se celebran durante el mes de mayo. Coincidió el primer paso procesional con una etapa de sequía, por lo que se decidió que la Virgen dirigiera sus pasos por el Balcón del Adarve.