Reportaje: Una escapada a la ciudad del agua

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by / Miércoles, 24 Julio 2019 / Publicado en Sobre Priego

Por Fernando Alcalá-Zamora

La ciudad de Priego de Córdoba, situada en el territorio fronterizo en el que Córdoba deja paso a Jaén, a Granada y a Málaga, siempre ha sido lugar de parada. Su ubicación, que ya atrajo a romanos y a árabes, sigue siendo hoy un gran atractivo para el viajero que recorre Andalucía.

 

De Priego sorprende la riqueza del patrimonio que alberga entre sus calles y la concentración de lugares de interés en una ciudad de tamaño mediano. En ese contexto, la Fuente del Rey destaca como gran punto de referencia. De piedra blanca, el conjunto transmite una imagen de magia y monumentalidad habitualmente reservada a las grandes ciudades y capitales. 

 

AGUA. La fuente, ideada por Remigio del Mármol y completada en 1803, se organiza en torno a tres grandes estanques a diferente altura. A su alrededor, un total de 139 caños, enmarcados en grandes mascarones, se encargan de surtir de agua a la fuente y de proporcionar movimiento continuo a un conjunto que consigue atrapar al visitante. De ahí la utilidad de sus bancos de piedra, que acotan el perímetro y permiten disfrutar con tranquilidad de las formas creadas por el agua.

 

En el centro del monumento, y tomando un papel protagonista, dos conjuntos escultóricos de simbología mitológica completan la Fuente del Rey. Su reciente restauración, con la que se ha recuperado su porte majestuoso, la sitúan como un lugar de visita obligatorio.

 

 

En el primer estanque, y atribuido al escultor prieguense José Álvarez Cubero, un león forcejea con una serpiente que lanza agua de su boca. El estilo del renombrado artista local, de un neoclasicismo evidente, hace que el conjunto evoque a otras fuentes, como la de Cibeles, o Neptuno, en Madrid.

 

A continuación, en el espacio principal, emerge del agua un gran carro de piedra tirado por dos caballos sobre el que cabalgan las figuras mitológicas de Neptuno y Anfítrite. La escena de Remigio del Mármol corona un conjunto que permite al visitante evocar los himnos homéricos y perderse en las grandes epopeyas griegas.

 

La Fuente del Rey cobra todo su sentido al interpretarse dentro del entorno que la circunscribe, y ahí se ubica la Fuente de la Salud, la obra primigenia en torno a la que creció el paraje que hoy encontramos. Se trata del manantial natural de agua que desde sus inicios abasteció a los habitantes de la ciudad, por lo que la historia de la fuente está inexorablemente ligada a la historia de la ciudad de Priego de Córdoba.

 

La Fuente de la Salud, construida en el siglo XVI, presenta un frontispicio de mármoles polícromos que surge y se apoya en las rocas del nacimiento de agua. Al modo de los jardines italianos de la época, su estilo combina agua, roca, vegetación y escultura. En el siglo XVII se le añadiría un templete para cobijar la figura de la Virgen de la Cabeza.                                                                       

 

 

IDIOSINCRASIA. Si bien la magnitud de estas fuentes centra la atención del visitante sin necesidad de conocer la historia del lugar, el eco de su importancia reverbera desde hace siglos. Ya durante la primera mitad del s. XII, el cartógrafo y geógrafo ceutí Al-Idrisi escribe sobre Priego –entonces madinat Baguh–: “es una población poco extensa pero muy agradable por las muchas aguas que la atraviesan, las cuales mueven molinos en el interior mismo de la villa”.

 

Así, y junto al elemento de corte defensivo que representa el Balcón del Adarve, el manantial de la Fuente de la Salud viene a explicar el éxito de un emplazamiento que desde la conquista árabe de la península ya nunca dejaría de estar habitado.

 

Hoy, los antiguos lavaderos públicos –como el de la calle Loja–, los parques de recreo en los que las fuentes son protagonistas –Paseo de Colombia, Huerta de las Infantas o Recreo de Castilla, Corazón de Jesús–, y vías principales como la calle Río –con su trazado zigzagueante conformado por meandros– dan fe de la importancia que el agua tuvo en la configuración de la imagen actual de Priego de Córdoba.

 

Su utilidad, además, se mantiene plenamente vigente tanto para los propios prieguenses como para el viajero que decide conocer la ciudad. Las pequeñas fuentes públicas de agua potable, repartidas de forma numerosísima por todo el trazado de Priego, forman parte de la idiosincrasia de este enclave de la Subbética.

 

Durante los 365 días del año, el agua que brota de sus caños invita al viandante a realizar una parada para saciar la sed mientras se recorren las diferentes calles y monumentos que pueblan su casco antiguo. Y es que sin las fuentes, que marcan el ritmo de vida y la historia misma del lugar, sería imposible entender la ciudad. Porque el agua es el nexo que explica y define a Priego de Córdoba.