Priego de Córdoba: apología del aceite y el barroco andaluz, y de sus flores, sonrisas y buena gente, por Joaquín Muñoz Coronel.

Córdoba y Ciudad Real están casi a un tiro de piedra como provincias limítrofes, y unidas en una hora por AVE. Salvando la distancias geográficas, culturales e históricas (que son muchas), queremos no obstante recalar en una parte –hermosa y abrupta- de la provincia de Córdoba. Subbética la llaman por aquellos pagos, y si en algo la consideramos sub, es solamente por su situación en el mapa, “por debajo del Betis” o río Guadalquivir.

Queremos realizar una profunda inmersión en la Subbética cordobesa (Declarada Geoparque por la UNESCO), y más concretamente en Priego de Córdoba, ciudad monumental, abundosa en agua y en aceite (uno de los más premiados del mundo), e incluida en la llamada Ruta del Califato. Pero también esplendorosa como punta de lanza del barroco andaluz y cordobés. Y unos aspectos que son capaces de impresionar sobradamente al más pintado: sus flores en las típicas callejas del Barrio de la Villa. Y las sonrisas de sus muchachas y muchachos, como gusta llamar por estas tierras a las gentes jóvenes y hermosas, que pululan por sus calles y monumentos.

Priego es mucho Priego

Y es que este Priego es mucho Priego. Si bien para referirnos a esta localidad de casi 23000 habitantes, es preciso echar mano de su apellido “de Córdoba”. Cierto, porque, sin ir más lejos, también Castilla-La Mancha tiene un municipio con el mismo nombre, Priego, a secas (en la provincia de Cuenca, aunque ésa es ya otra historia). Priego de Córdoba es la ciudad del agua, y del aceite de oliva virgen extra (AOVE)… No hacen falta más fluidos, porque para vino ya tenemos el “fino” de las vecinas Moriles y Montilla. Dicen que Andalucía es una y varia. Y tan es así, que las comparaciones son aquí más odiosas que nunca. Pues apenas a una hora de la Córdoba andalusí -la Colonia Patricia romana de ayer, y la hoy sultana, llana, califal, alegre y graciosa- nos encontramos con Priego. Priego de Córdoba es cabecera del partido judicial que incluye además Almedinilla, Carcabuey y Fuente Tójar, integrando una comarca natural dentro de la Subbética cordobesa, de casi 32.000 ha. de alto valor ecológico y paisajístico por su flora y fauna.

La población está situada a 652 m de altitud, si bien cuenta con algunos picos tan elevados como La Tiñosa (1570 m) o el Pico Bermejo con 1476. Muy próxima a Córdoba, Granada, Jaén y Málaga, sus vecinos se encuentran repartidos entre 8 aldeas y 17 diseminados, estando las aldeas en la zona norte, mientras que los caseríos y cortijos predominan en el sur.

La agricultura está dedicada casi en su totalidad al olivar, en un entorno de alta verticalidad que hace penosa la obtención de su cosecha. Con Denominación de Origen propia desde 1995, se elabora a partir de aceitunas de las variedades Picudo, Picual o Marteña, y Hojiblanca, en una proporción cercana al 60, 20 y 20% respectivamente.

Aceite Priego de Córdoba

Difícil de imaginar para el laboreo, y casi imposible de cosechar sus venerables árboles a 1.300 m. de altitud. Con casi 30.000 Ha entre Carcabuey, Fuente Tójar, Almedinilla y Priego de Córdoba, su aceite es uno de los mejores del mundo, a juzgar por los más de 2300 premios de calidad obtenidos, muchos de ellos en competencia internacional, en los tres apartados en que suelen dividirse: Frutado Verde Amargo, Frutado Verde Dulce y Frutado Maduro.

Tras estas esforzadas labores agrícolas, la almazara está presta para recibir y metamorfosear la verde oliva en cotizado oro verde. Luego vendrán el filtrado, la decantación y el envasado. Y más tarde, sus atractivos envases y delicioso contenido inundarán las tiendas de medio mundo.

El resultado, un aceite de oliva virgen extra de gran aceptación para freír o aliñar, en la elaboración de platos y dulces típicos, y en el típico desayuno sobre pan tostado. Todos los dulces, golosinas y hasta las patatas de bolsa, son aquí elaboradas con aceite de oliva virgen extra con D.O. Priego de Córdoba. (Y, además, con sal rosa del Himalaya).

Una cata de aceite

Aquí aprendemos que ni el color del aceite ni su acidez pueden ser sus características valorativas más sobresalientes. El sabor a hierbas y frutas frescas o maduras son las verdaderas características organolépticas a valorar, desde las diferentes partes de la lengua (dulce, amargo, picante), el paladar y retrogusto en su conjunto, y la ausencia de sabores y olores extraños: … evocaciones a plátano, alcachofa, hoja de olivo, higuera…. La exquisitez “para mojar” del preciado líquido, parece querer rendir agradecido homenaje a las manos y brazos, que tan duramente consiguen devolver todo su esplendor a la naturaleza de la que salió. Tras la cata, una masterclass (el término no lo inventaron los de Masterchef) de salmorejo y posterior ensalada de naranja. Un aperitivo sencillo, sabroso, muy de agradecer y, naturalmente, aderezado con AOVE de la DO Priego de Córdoba. Luego, tras el juego gastronómico vendrá la cena de verdad al mayor nivel, y después será el momento de la foto de grupo y el adiós a las autoridades locales.

El turismo de Priego

Dejando ya a un lado el reputado aceite prieguense, Priego de Córdoba, con un rico Patrimonio Histórico desde la época romana, y dada su ubicación en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas, está apostando igualmente por el turismo, con un notable posicionamiento y grandes posibilidades de futuro. He ahí el Castillo árabe o el Balcón del Adarve (vertiginoso nido de águilas en lo alto de la otrora muralla), enclave natural a 55 metros de altura, con cantarinas fuentes que manan de continuo. Limita con el Barrio de la Villa, y constituyen una zona inexpugnable históricamente.

Sus pintorescas callejas de origen andalusí, nos recuerdan al Albaicín granadino o la Judería cordobesa, de la época musulmana-medieval de Al-Ándalus. El conjunto fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1972. Un monumento en bronce al cantante Joselito, nos recuerda que allí se rodó su película Saeta del ruiseñor (Suevia Films, Antonio del Amo, 1959). ¿Y las flores? Unos metros más allá, la calle está dedicada a Gloria Fuertes (quien afirmaría en el lugar “Me parecen de mentira, tantas flores de verdad”). Tras las macetas y flores que guarnecen las íntimas callejas –y que dotan al aire de un perfume especial-, el recorrido por el Barrio de la Villa nos llevaría a la Plaza de Santa Ana (portada Iglesia de la Asunción), y las calles Real y San Antonio. Retornando por las calles Real y Bajondillo, y pasando junto a las llamadas Carnicerías Reales (antiguo matadero y mercado del siglo XVI, y único edificio noble no barroco).

El barroco prieguense

Durante los siglos XVII y XVIII, la Reforma Protestante de Lutero y sus seguidores, provoca una reacción importante de Contrarreforma con influencia en todos los campos, incluido el arte. Aparece el Barroco, que irá desligándose poco a poco del Renacimiento predecesor, y especialmente en Andalucía se irá mimetizando con el alma del Rococó francés. Templos y edificios se sobredecoran, y las líneas rectas se parten y quiebran, girando sus columnas sobre su eje hacia las salomónicas. Luz, color, movimiento, expresividad y realismo serán las características de las imágenes barrocas, y las cúpulas, techumbres y yeserías pondrán la nota de recargamiento al conjunto. Este barroco encontrará su caldo de cultivo en Priego. Gracias al auge económico del textil local y, sobre todo, a la presencia de artistas de la talla del lucentino Hurtado Izquierdo, y de Francisco Javier Pedrajas entre otros. Y ya tenemos a Priego como cuna del barroco cordobés. Que exhibe un amplio conjunto de iglesias de gran valor artístico, como la Iglesia de la Asunción (edificio sobrio en su exterior, gótico-mudéjar, s. XVI), transformado con las nuevas tendencias a partir del XVIII en la octogonal Capilla del Sagrario. Iluminada por una claraboya cenital, esta obra se convierte en cumbre del Barroco gracias a Javier Pedrajas.

Pero hay más. He ahí las también iglesias de la Aurora (s. XV, la de “los auroros”), San Francisco, San Pedro o Las Angustias, esta última obra de Santaella, situada en la Calle Río como las hermosas casas señoriales del XVIII y XIX… Como la magnífica arquitectura civil de las fuentes de la Salud y la del Rey atestada de caños y un centro de esculturas mitológicas (Neptuno y Anfítrite), que nos recuerda –aunque no en las dimensiones- a la de La Granja de San Ildefonso.

Imposible imaginar junta tanta belleza. Pero Priego también es un excelente punto de partida para visitar Lucena y Cabra, otros dos enclaves notables del barroco cordobés.

Mansiones, museos, sonrisas…

¿Y los museos de Priego? Son singulares. Instalados en las mansiones de sus hijos más ilustres. Como el de Niceto Alcalá Zamora (Primer Presidente de la II República Española entre 1931 y 1936), con profusión de testimonios y recuerdos … O la del pintor e ilustrador de ABC y Blanco y Negro, Adolfo Lozano Sidro…. Pero hay más. No muy menores son los méritos del predio que alberga el Museo Histórico Municipal, con valiosas piezas prehistóricas, de las épocas romana, musulmana y cristiana, y aún de los siglos más cercanos.

Y héte aquí que también nos encontramos con un hotel que, sin dejar de serlo, es al mismo tiempo un museo: Hotel Museo La Patria Chica. Edificio que fuera sede del periódico del mismo nombre (principios del s. XX), y cuyas nobles paredes han sido conservadas por sus descendientes, decorando ricamente sus estancias y su precioso jardín andaluz, hasta convertirlo en un auténtico museo, apto para el sueño y la ensoñación…

En resumen, la impresión y enriquecimiento tras recorrer Priego de Córdoba en un par de días y pico, ha sido notable. La constatación de que en Priego de Córdoba hay mucha agua (su principal calle se llama Del Río) es sólo comparable con la producción de aceite, y con la constatación de su rica gastronomía (revuelto de collejas, flamenquín, sardina con salmorejo, gyozas variadas, tortillita de rabo de toro, patatas San Nicasio, solomillo al Pedro Ximénez…), expuesta con orgullo y soltura en sus establecimientos del ramo (Río, Zyrah, El Casino, Los Álamos, todo en directo y sin prêt a porter…). O los postres Isabelas, Turrolate o rosquillas… No queremos olvidar su reputada artesanía en madera y forja. Ni las fiestas singulares de Priego (Semana Santa, Domingos de Mayo, Corpus Christi, Romerías, Candelaria, Carnaval, Trovos o poesía improvisada, los Hermanos de la Aurora, Festivales, Flamenco…). Aunque todo está reunido en un interesante libro turístico municipal de Priego (¿Cuál es el color de Priego?) que abarca toda la oferta prieguense bajo cinco colores: azul, verde, naranja, púrpura y amarillo. Todo un reto.

Agua, aceite, barroco cordobés, flores, sonrisas… ¿Qué más de un breve –aunque intenso- periplo por Priego de Córdoba? Ah sí, muy cerca está el Jardín Micológico La Trufa, de enorme riqueza y diversidad fúngica, con especies que requieren protección y conservación. ¿Más? Claro, la cordialidad sin tasa y la simpatía indisimulada de sus gentes. Para un primer contacto con esta ciudad de mil colores, suficientes sensaciones y emociones. Si nadie puede amar lo que no conoce, una vez visto Priego y tratadas sus gentes, es imposible no llevarlo en el corazón… o quedarse para siempre. Tú eliges, amigo lector.

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