Por Fernando Alcalá-Zamora

 

El repicar de las campanas llega con claridad a la terraza de la Torre del Homenaje del castillo de Priego de Córdoba. Allí arriba, a casi 30 metros de altura sobre la calle, los sentidos experimentan una pequeña distorsión. El trazado urbano se comprime, con el barrio de la Villa apiñado a los pies de las murallas. Las corrientes de aire se materializan sobre la piel. Y el horizonte visual, de norte a sur y de este a oeste, se expande en busca de las sierras y picos de los alrededores.

 

Publicado en Sobre Priego