Nuestra Historia

Cuando hagas la maleta no te olvides la cámara de fotos porque en Priego encontrarás rincones donde se esconden testimonios de culturas pasadas que han dejado un abundante legado patrimonial al municipio.

Este rincón ocupa un lugar importante en la Sierras Subbéticas, con un poblamiento continuo conocido desde hace, al menos, 100.000 años.
Una rica muestra de la cultura material producto de esta evolución de miles de años se expone en el museo arqueológico, Museo Histórico Municipal de Priego, con importantes hallazgos del Paleolítico, Neolítico, Edad de los Metales, Antigüedad y Edad Media.

Todo ello forma parte de una historia en la que incidieron los acontecimientos más sobresalientes desarrollados en la gran zona cultural del Mediterráneo. 
En el término municipal de Priego se conservan excelentes ejemplos de arte rupestre paleolítico o yacimientos de la importancia, dentro de un contexto incluso nacional,  como El Pirulejo, muy cercano al Barrio de la Villa. Además, contamos con un buen número de yacimientos neolíticos y calcolíticos en cueva de los que proceden magníficos ejemplos de cerámicas decoradas, industria lítica u ósea y otros objetos representativos. Durante la protohistoria, no faltan tampoco los cerros fortificados de época ibérica y romana que representan la plenitud de la Antigüedad. 

En cuanto al casco urbano prieguense, la ocupación humana más antigua documentada en El Palenque se ha fechado por C14 en torno al año 4000 a.C., lo que demuestra que durante el Neolítico ya hubo poblamiento humano en lo sería posteriormente el solar de la ciudad.

Una de las novedades arqueológicas de mayor interés en los últimos años ha sido la localización y excavación de varios sectores representativos del Priego romano, sobre todo la villa que se localizaba en uno de los lados de la Plaza de la Constitución, frente al ayuntamiento. Tiene sus orígenes en un momento indeterminado entre mediados del siglo I y el siglo II y contaba al menos con dos principales agrupaciones edilicias independientes que están separadas menos de 150 m. Por un lado, la pars urbana residencial, con el comedor identificado, pavimentado de mosaico, y sus baños anexos; y por otro, una pars rustica o fructuaria, relacionada con los trabajos del campo. Entre ambas partes de la villa se ubicó una necrópolis de cremación, cuyos ajuares conocidos (el más espectacular de ellos está expuesto en el Museo Histórico Municipal) no dejan lugar a dudas de que se trata de la necrópolis donde se depositaron los restos de toda o parte de la familia del dominus o dueño de las tierras, probablemente algún terrateniente del municipium flavio de Ipolcobulcula.
Pero además de este núcleo central, el Priego romano contó con un horno de cal (visitable en la Ruta de Arqueología Urbana), varios hornos de cerámica, y otra necrópolis más. Así mismo, en el término municipal se han catalogado más de un centenar de yacimientos arqueológicos con ocupación en época romana, lo que demuestra el calado del proceso de romanización en esta comarca.

Basta con un paseo por las laberínticas calles de la Villa y te embelesarás con el arraigo árabe de esta comarca.
Déjate llevar a través del tiempo para desembocar en una ciudad que fue Cora o provinvia musulmana denominada Medina Baguh, tierra de abundancia, fruto del esplendor en época andalusí.

El origen inmediato de la fundación de la ciudad actual no se encuentra en el Priego romano o prehistórico, sino que está relacionado con la presencia de árabes, muy probablemente procedentes de Damasco (Siria), que crearían a mediados del s. VIII un campamento militar que evoluciona hasta convertirse en medina residencia de un gobernador.
En el año 889 se convirtió en el centro de operaciones contra Ibn Mastana, uno de los más importantes cabecillas insurrectos que lucharon contra el poder de los Omeyas de Córdoba.
Tras la pacificación y prosperidad aportadas por el Califato cordobés, la medina de Priego forma parte, primero del reino Zirí de Granada y después del reino Nazarí. 

Entre ambos momentos, la ciudad alcanzó su máximo esplendor en época almohade, en los ss. XII-XIII, cuando logró su mayor extensión de toda la Edad Media y llegó a acuñar moneda. Esta prosperidad fue truncada violentamente por las conquistas cristianas. 
En 1225 Fernando III llegó a Priego tomando la ciudad y cediéndola a la orden de Calatrava.
Tras unos años en poder de los nazaríes, en 1341 se toma definitivamente por Alfonso XI, que exime de tributos a la villa para facilitar su repoblación.
En 1370 pasa de depender de la Corona a pertenecer a Gonzalo Fernández de Córdoba, señor de la Casa de Aguilar, por cesión de Enrique II.
Entre los siglos XIII al XV, por tanto, Priego estuvo sometido a los avatares de la Frontera, que condicionó duramente la vida de la villa feudal de finales de la Edad Media.

A finales del año 1501, los Reyes Católicos nombran primer marqués de Priego a Pedro Fernández de Córdoba. Se constituye así el Marquesado de Priego que fue una época de esplendor y de gran progreso para la villa en su primer siglo de existencia.
En esta época se construyen la Casa del Cabildo, la Cárcel, el Pósito y las Carnicerías. Se reedifica la ermita de San Nicasio y se construye la Iglesia de San Esteban, hoy Iglesia de San Francisco.

Durante el siglo XVII fueron expulsados los moriscos que habían ocupado el barrio de la Puerta Granada. Este hecho contribuyó al empeoramiento de la situación económica que ya era bastante grave en la primera mitad de este siglo, pues a principios de la centuria se le comunica a los vecinos que debían pagar el impuesto de las alcabalas, cosa que no habían hecho hasta entonces. Se llega a un acuerdo y la ciudad compra las alcabalas por 130.000 ducados. Acuerdo que firma Felipe III y se ratifica después en 1617 por Felipe IV. Por esta época se sufrieron varias epidemias de peste, como las acaecidas en 1650 y 1680.
En el año 1705, la villa toma parte en la Guerra de Sucesión y defensa de Gibraltar, y en 1711 pasa a depender del Ducado de Medinaceli. Se alcanza una etapa de gran prosperidad por ser uno de los centros de sericicultura más importante de España.

El tafetán y el terciopelo se vendían en gran parte de la Península, Francia e Indias. Las ermitas y templos se visten de Barroco. Pero a finales del siglo XVIII se produjo un fuerte receso debido, en parte, al deterioro de la producción de morera, a los impuestos y a la presión competitiva de los tejidos de algodón.
Por esta causa, el auge económico del XVIII contrasta con la penuria del siglo XIX, causada por la desaparición de los gremios y los múltiples avatares de la vida nacional, la invasión de los franceses, la confusión liberal, las luchas partidistas, todas ellas causa de una profunda inestabilidad política, y la desamortización.
En 1843 se emancipan del municipio las aldeas de Fuente Tójar y Almedinilla.

En 1881 el rey Alfonso XII le concede el título de Ciudad debido al aumento de la población, importancia agrícola y adhesión a la monarquía constitucional.  Aunque, quizás, lo más destacado de este siglo sea el nacimiento de grandes hijos ilustres, como D. Niceto Alcalá-Zamora y Torres (1877-1949), Primer Presidente de la II República Española; Adolfo Lozano Sidro (1872-1935), insigne pintor costumbrista; o un poco anterior a éstos, el renombrado escultor José Álvarez Cubero (1768-1827).

En las primeras décadas del siglo XX, la población alcanza los 17.000 habitantes y la ciudad despierta del letargo del s. XIX.
En los años 20 aparece una importante industria textil que produce patenes, driles y lonas, que empieza a extinguirse en los años 60, teniendo un revitalización en los años 80 como industria de la confección. Hoy día, los pilares fundamentales de la economía prieguense son la industria textil, la agricultura abanderada por el Aceite de Oliva Virgen Extra de la D.O.P. Priego de Córdoba y un sector turístico basado en una oferta cultural, especialmente monumental, gastronómica y de naturaleza