Paisajes encantados

Los ríos modelan la roca cavando profundos cañones. El arte popular ha transformado algunas de las surgencias que abastecen a la población como la monumental Fuente del Rey con más de cien caños.

En el camino, de norte a sur encontrarás la zona de huertas de los arroyos Zagrilla  y  Salado, a la que se accede por el paso de las Angosturas, verdadera puerta natural a todo este valle. Si remontas el cauce de estos arroyos atravesamos los límites de la zona declarada Parque Natural acercándote a las primeras estribaciones de la Sierra de Horconera, donde nacen numerosos cursos fluviales, como Tijeras y Genilla, verdaderos parajes encantados. 

El arroyo Genilla 

Es un arroyo que en su curso más alto no tiene presencia de peces debido a  las barreras naturales y artificiales que impiden su acceso. Atraviesa un bello paraje con una cascada conocida popularmente como la Nevera.

Una vez pasado este tramo comenzamos a encontrar en el cauce presencia de barbos, cachos y a veces colmillejas.

El Arroyo Genilla se une en su tramo final con el río Zagrilla, presenta en todo su recorrido una vegetación de ribera característica y es empleado para el riego de huertas y el cultivo de membrillos.

Río Salado 

El río Salado, que en su tramo inicial es de agua dulce se convierte en salado antes de llegar a Priego.

A su paso por las cercanías del núcleo urbano, se encuentra con escasa vegetación en su ribera, con laderas muy erosionadas que han sido utilizadas para explotación agrícola en su totalidad.

Una de las peculiaridades de este río es la presencia de escarabajos que toleran la sal (coleópteros halófilos), que tan sólo se encuentran en este lugar.

Entre las especies que podemos encontrar están los anfibios como la rana común, el sapo corredor, sapillo pintojo, sapillo moteado, sapo de espuelas. Entre los reptiles suele estar la culebra viperina o el galápago leproso, típico de arroyo salados. Las aves acuáticas más comunes son el ánade real, la polla de agua, avefría, chorlitejo chico, correlimos común, andarríos chica y grande y la cigüeñuela.

Los sotos de estos cursos fluviales presentan una gran riqueza florística, al entremezclarse álamos negros y blancos, sauces, olmos, fresnos, tarajes y rosales silvestres, y formar una especie de serpiente multicolor que alcanza su mayor belleza durante los meses del otoño, cuando las hojas, antes de caerse, adquieren toda la gama de colores que van desde el verde al amarillo.