La celebración debió adquirir en pocos años un auge extraordinario ya que a principios del siglo XVII se citaba a Priego como «señaladísimo lugar en esta gran devoción». La fiesta del Corpus formaba parte, junto a la de la Inmaculada Concepción y el Santo Entierro, de las que se financiaban a expensas del Ayuntamiento, que nombraba cada año a varios diputados para que la organizaran con la mayor pompa y esmero. Así, en 1820, el nuevo Ayuntamiento de signo liberal elabora un presupuesto en el que se destinan a la fiesta del Corpus 4.400 ducados, cantidad muy superior a las que se asignan a las demás fiestas de financiación pública.